¿Por qué continuas aquí? Acabo de confesar lo que hice… Deberías temerme, deberías marcharte.
El olor de la sangre aún estaba impregnado en mi.
Mis ojos pedían a gritos ¡piedad!
Aún así mi alma añoraba justicia… Mi condena.
“Por todos tus actos repulsivos y repugnantes deberás pagar, a menos que el arrepentimiento verdadero hable en tu lugar”
No hay comentarios.:
Publicar un comentario